12 de julio de 2017

La naturaleza como aula

La UTU de Guichón, integrada a la Red Global de Aprendizajes, realiza dos campamentos anuales para fortalecer el trabajo en colaboración en un proyecto al que se vinculan docentes de diferentes asignaturas. Esta experiencia de Aprendizaje Profundo crea nuevos entornos educativos para el desarrollo de competencias.

EN CIFRAS
La matrícula de la UTU de Guichón subió de 130 alumnos en 2012 a 220 en promedio entre 2013 y 2016. Independientemente de las evaluaciones que realiza el colectivo docente sobre intervenciones como los campamentos, los resultados de la propuesta de Ciclo Básico han mejorado: la tasa de desvinculación total entre los ingresos a 1er año y los egresos de 3er año bajó a cifras cercanas al 8%; descendió también la cantidad de repetidores y de alumnos en categoría “condicionales”. Los promedios de rendimiento mejoraron y los egresos de 6° de Primaria se dividen de forma equitativa entre el liceo y la UTU.

La práctica del campamento se repite desde el año 2010 y a esta altura representa una de las principales herramientas que utilizan los docentes para fortalecer los vínculos entre losestudiantes o con ellos y, a la vez, incorporar aspectos de las nuevas pedagogías vinculados a la idea de abandonar el aula para salir a educar en ambientes naturales.

Este proyecto simple, pero con la complejidad necesaria como para involucrar a un equipo de docentes, estudiantes y familiares, permite utilizar diferentes ambientes de aprendizaje y el acceso a distintas tecnologías a partir del uso de filmadoras, grabadoras y drones para el registro de imágenes aéreas, y libros digitales en los que se deja constancia de la identificación de especies de animales y plantas.

Desde el día en que comienzan a planearse las salidas a acampar –una en abril y otra en setiembre–, el trabajo conjunto permite establecer pautas de aprendizaje, realizar aproximaciones a los usos y costumbres que implica la vida al aire libre y planificar actividades educativas o recreativas.

Tal como contó el profesor y referente Ceibal en la Escuela Técnica de Guichón, Danny Silveira, las actividades específicas que tienen que ver con el campamento son dos: la planificación y organización, y la ejecución del campamento. Los trabajos comienzan cuando los docentes establecen los equipos y el adulto referente. “En ese momento cada equipo tiene que distribuirse el equipamiento. Según la disponibilidad y a partir de un listado de insumos, cada alumno se hace responsable de aportar elementos. Alguno lleva una carpa; otro, enseres de cocina; otros, elementos de limpieza, etc.”, apuntó el profesor. Lo que queda claro desde el principio es que nadie puede fallar, porque afecta al equipo.

CAMPAMENTO REGISTRADO. Una vez llegados al campamento, las tareas también persiguen objetivos de integración y compromiso de los equipos: proveerse de agua, armar mesas y bancos, montar las carpas, cocinar, acopiar leña, armar pasarelas en los senderos interpretativos, hacer e instalar la cartelería necesaria y mantener la limpieza del lugar. “En todas estas acciones los docentes participamos como uno más, regulamos desde el lugar de adultos y vamos monitoreando la participación de cada alumno individual y colectivamente”, continúa Silveira.

Los campamentos se realizan en el Área Protegida Montes del Queguay, zona con una destacada riqueza ambiental, en la que confluyen varios puntos de interés histórico, arqueológico y patrimonial. Este entorno se aprovecha para identificar especies de flora y fauna y aquellas que sirven como sensores ambientales, detectar hábitat de especies particulares, realizar herbarios y recolectar muestras, monitorear trabajos de investigación, introducir conceptos ambientales y de rescate de elementos arqueológicos –alentando siempre la esperanza de acceder a alguno de valor histórico–. Al caer la tarde, el canto, los bailes y los juegos frente al fogón son un punto fuerte. Los docentes observan y registran resultados en un librillo anual.

“El principal aporte, desde la docencia directa o como integrante de un equipo de dirección, ha sido que los colectivos docentes debemos ser capaces de crear nuestros propios entornos educativos. Que debemos basarnos en el desarrollo de habilidades y destrezas, que el alumno debe construirse a sí mismo a partir de nuestras propuestas y que los contenidos curriculares son una guía pero no el todo en la Educación Media Tecnológica del siglo XI”, consideró Silveira. Estas experiencias, según el profesor, permiten afirmar que el éxito de la educación pasa necesariamente por el fortalecimiento de los equipos directrices, la construcción de espacios educativos impulsados por los actores locales y la innovación en las propuestas que deben ser adaptadas a los recursos, los ambientes y las posibilidades de cada centro. "Ninguna ‘receta’ institucional creada desde las cúpulas permitirá un cambio significativo en la educación pública nacional si no estamos los actores institucionales que están en la primera línea de trabajo seriamente involucrados".

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